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¿MI HIJO AUN NO HABLA, QUE HAGO? (retraso en el habla o el lenguaje)

Su hijo ya tiene 2 años y apenas habla. Dice unas pocas palabras pero, en comparación con otros niños de su edad, usted cree que tiene bastante retraso. Usted recuerda que su hermana era capaz de armar frases completas a la misma edad. Con la esperanza de que su hijo se acabará poniendo al día más adelante, usted pospone la búsqueda de ayuda profesional. Hay niños que caminan muy pronto y otros que hablan muy pronto, se dice. No hay por qué preocuparse...

Esta situación es bastante habitual entre los padres de niños en quienes el habla se desarrolla más despacio de lo habitual. A menos que también observen retrasos en otras áreas del desarrollo inicial del niño, los padres pueden dudar sobre si deberían o no buscar ayuda profesional. Algunos justifican el retraso del habla de sus hijos diciéndose a sí mismos que "ya madurará" o que "a mi hijo le interesa más moverse que hablar".

Conocer qué es "normal" y qué no lo es en el desarrollo del habla y del lenguaje puede ayudarle a saber si usted debería preocuparse o si su hijo está evolucionando según lo esperable en ambos ámbitos.

Desarrollo normal del habla y del lenguaje

Es importante que en cada una de las revisiones médicas sistemáticas a que se someta su hijo, hable con su pediatra sobre el habla y el desarrollo del lenguaje del niño, así como sobre otros aspectos de su proceso evolutivo que le preocupen. Puede ser difícil saber si su hijo solo es inmaduro en su capacidad para comunicarse o si tiene algún problema que requeriría una atención profesional.

Las siguientes normas de referencia sobre el desarrollo pueden servirle de guía:

Antes de los 12 meses

Es importante observar a los niños de esta edad a fin de detectar indicadores de que utilizan la voz para relacionarse con su entorno. El gorgojeo y el balbuceo son las fases iniciales del desarrollo del habla. Cuando los bebés se hacen mayores (a menudo en torno a los 9 meses), empiezan a unir sonidos, a incorporar las distintas entonaciones del habla y a decir palabras como "mamá" y "papá" (aunque sin entender qué significan).

Antes de los 12 meses, los bebés deberían ser receptivos a los sonidos y empezar a reconocer nombres de objetos de uso común (por ejemplo, biberón, chupete, etc.). Los bebés que observan atentamente su entorno pero no reaccionan al sonido es posible que presenten pérdidas auditivas (o hipoacusias).

Entre los 12 y los 15 meses

Los niños de esta edad deberían tener un amplio abanico de sonidos en su balbuceo (como p, b, m, d, o n), empezar a imitar y a aproximarse a los sonidos y palabras que modelan los miembros de su familia y típicamente decir una o más palabras (excluyendo "mamá" y "papá") de forma espontánea. Los nombres suelen ser las primeras palabras que utilizan los bebés, como "bebé" y "pelota". Su hijo también debería entender y seguir instrucciones de un solo paso ("Por favor, pásame el juguete" y similares).

De los 18 a los 24 meses

Aunque hay una gran variabilidad, la mayoría de los niños dicen unas 20 palabras cuando tienen aproximadamente 18 meses y unas 50 o más cuando cumplen 2 años. En torno a esta edad, los niños empiezan a combinar dos palabras en frases muy simples, como "bebé llorar" o "papá grande". Un niño de 2 años debería poder identificar objetos de uso común (tanto cuando el objeto está presente como cuando se trata de imágenes del objeto), señalar sus ojos, sus orejas y su nariz cuando alguien se las menciona y seguir instrucciones de dos pasos (como "Por favor, recoge el juguete y dámelo").

De 2 a 3 años

Los padres suelen presenciar grades avances en el habla de sus hijos a esta edad. El vocabulario del niño debería crecer considerablemente (demasiadas palabras para poderlas contar) y el niño debería combinar de forma sistemática tres o más palabras en frases más largas.

Su comprensión también debería mejorar; con 3 años, un niño debería empezar a entender qué significa "ponlo en la mesa" o "ponlo debajo de la cama". Su hijo también debería empezar a identificar colores y a entender conceptos descriptivos (por ejemplo, grande versus a pequeño).

La diferencia entre el habla y el lenguaje

El habla y el lenguaje suelen confundirse entre sí, pero hay una diferencia importante entre ambos:

·         El habla es la expresión verbal del lenguaje e incluye la articulación, que es el modo en que se forman los sonidos y las palabras.

·         El lenguaje es un concepto mucho más amplio y engloba el sistema completo de expresar y recibir información provista de significado. Se refiere a entender y ser entendido a través de la comunicación, sea verbal, no verbal o escrita.

A pesar de que los problemas relacionados con el habla y con el lenguaje difieren, a menudo se solapan entre sí. De todos modos, un niño con un problema de lenguaje puede pronunciar correctamente las palabras pero ser incapaz de combinar más de dos palabras en una frase. El habla de otro niño puede ser difícil de entender, aunque sea capaz de utilizar palabras y frases para expresar sus ideas. Y otro niño puede hablar bien y con claridad pero tener dificultades para seguir instrucciones.

Señales de alarma de un posible problema

Si le preocupa el desarrollo del habla y del lenguaje de su hijo, he aquí algunos de los aspectos en que se debería fijar. Un lactante que no reacciona al sonido o que no vocaliza sería un buen motivo de preocupación.

Entre los 12 y los 24 meses, otros posibles motivos de preocupación serían los siguientes:

·         con 12 meses, no utiliza gestos, como señalar o despedirse con la mano

·         con 18 meses, prefiere comunicarse con gestos en lugar de con vocalizaciones

·         con 18 meses, tiene dificultades para imitar sonidos

·         tiene dificultades para entender peticiones verbales simples

Solicite una evaluación por parte de un profesional si un niño de más de 2 años:

·         solo imita el habla o los actos ajenos pero no genera palabras o frases de forma espontánea

·         solo emite determinados sonidos o palabras de forma repetida y no puede utilizar el lenguaje oral para comunicar más que sus necesidades inmediatas

·         no puede seguir instrucciones simples

·         tiene un tono de voz extraño o una pronunciación extraña (roncos o nasales, por ejemplo)

·         cuesta más entenderle de lo que sería esperable por su edad. Los padres y los cuidadores habituales deberían entender la mitad de lo que dice un niño de 2 años y aproximadamente tres cuartas partes de lo que dice uno de 3 años. Con 4 años, a un niño se le debería entender prácticamente todo, incluso cuando hable a personas que no lo conocen.

Causas del retraso del habla o del lenguaje

Hay muchos aspectos que pueden provocar retrasos en el desarrollo del habla y del lenguaje. Los retrasos del habla en un niño que en otros ámbitos se desarrolla con normalidad pueden obedecer a problemas relacionados con el aparato fonador, como alteraciones en la lengua o en el paladar. Un frenillo corto (el pliegue que hay debajo de la lengua) puede limitar los movimientos linguales para la producción del habla.

Muchos niños con retrasos del habla tienen problemas orales motores, lo que implica la existencia de una comunicación ineficaz en las áreas cerebrales responsables de la producción del habla. El niño puede tener dificultades al utilizar y coordinar los labios, la lengua y la mandíbula para producir los sonidos del habla. El habla puede ser el único ámbito afectado o bien los problemas en el habla pueden ir acompañados de otros problemas orales motores, como las dificultades para alimentarse. El retraso del habla también puede ser una parte (en vez de indicar) de un problema más "global" (o general) de un retraso del desarrollo.

Los problemas auditivos también pueden estar relacionados con los retrasos del habla. Por este motivo, cuando a un padre le preocupa el habla de su hijo, debería llevarlo a un audiólogo para que le evalúe la audición. Un niño con problemas auditivos puede tener problemas para articular, así como para entender, imitar y utilizar el lenguaje.

Las infecciones de oído (u otitis), sobre todo las de carácter crónico, pueden repercutir sobre la capacidad auditiva de un niño. De todos modos, las infecciones de oído que reciben un tratamiento adecuado y se curan bien no deberían tener ningún efecto sobre el habla del niño. Y, siempre que exista una audición normal en por lo menos un oído, tanto el habla como el lenguaje se pueden desarrollar con normalidad.

Qué hacen los especialistas en trastornos del lenguaje

Si usted o su pediatra sospechan que su hijo tiene un problema en el habla o en el lenguaje, es decisivo que un especialista en trastornos del lenguaje lo evalúe lo antes posible. Por supuesto, si resulta que su hijo no tiene ningún problema, el resultado de la evaluación permitirá reducir sus temores.

Aunque usted mismo puede buscar un especialista en trastornos del lenguaje, es posible que el pediatra de su hijo o que su médico de familia los remita a uno de estos profesionales.

Al realizar la evaluación, este tipo de especialista analizará el habla y el lenguaje de su hijo teniendo en cuenta el contexto del desarrollo general del niño. Aparte de observar a su hijo, este profesional le aplicará una serie de pruebas y escalas estandarizadas y comprobará si ha alcanzado o no los distintos hitos en el desarrollo del habla y del lenguaje.

El especialista en los trastornos del lenguaje también avaluará:

·         lo que entiende su hijo (lo que se conoce como lenguaje receptivo)

·         lo que puede decir su hijo (lo que se conoce como lenguaje expresivo)

·         si su hijo intenta comunicarse de otras maneras, como señalando, sacudiendo la cabeza, haciendo gestos, etc.

·         el desarrollo de los sonidos y la claridad del habla

·         el estado oral motor de su hijo (cómo trabajan conjuntamente la boca, la lengua, el paladar, etc. durante el habla, así como durante las conductas de comer y de tragar)

Si el especialista en trastornos del lenguaje considera que su hijo necesita hacer terapia del lenguaje, su participación, en calidad de padre o de madre, será de suma importancia. Usted podrá observar las sesiones de terapia del lenguaje y aprender a participar en el proceso. El terapista le enseñará cómo puede trabajar con su hijo en casa para mejorar el habla y las habilidades lingüísticas del pequeño.

Es posible que la evaluación que haga el especialista en trastornos del lenguaje sobre el habla y el lenguaje de su hijo indique que sus expectativas eran demasiado altas. Los materiales educativos que establecen las etapas y los hitos evolutivos en el desarrollo del habla y el lenguaje pueden ayudarle a ver a su hijo de una forma más realista.

Qué pueden hacer los padres

Como muchos otros aspectos de la vida, el desarrollo del habla es el resultado de la interacción entre la herencia y el ambiente (entre lo innato y lo adquirido). La dotación genética determina, en parte, la inteligencia y el desarrollo del habla y del lenguaje. De todos modos, gran parte de este desarrollo depende del ambiente. ¿Se estimula adecuadamente al niño en casa y en la guardería? ¿El niño tiene oportunidades para participar en el intercambio y para comunicarse libremente? ¿Qué tipo de retroalimentación recibe el niño?

Cuando se detectan problemas en el habla, el lenguaje, de tipo auditivo o del desarrollo, la intervención precoz puede proporcionar la ayuda que necesita el niño. Y, cuando se entiende mejor las causas de que un niño no hable, se pueden aprender formas de favorecer el desarrollo del habla.

He aquí unos pocos consejos generales que puede utilizar en su casa:

·         Dedique mucho tiempo a comunicarse con su hijo, incluso durante la etapa de la lactancia: háblele, cántele y fomente en él la imitación de sonidos y de gestos.

·         Léale a su hijo, empezando cuando tan solo tenga 6 meses. No tiene que leerle libros enteros, pero busque libros apropiados para su edad, de tapa blanda o dura y con dibujos que animen a su hijo a mirar mientras usted van nombrando los dibujos. Pruebe empezar con cuentos clásicos para bebés (como "El conejito Pat", donde se pueden imitar y realizar movimientos, como acariciar) o libros con texturas que los niños pueden palpar y sentir. Más adelante, deje que su hijo señale dibujos reconocibles e intente nombrarlos. Luego pase a los versos y canciones infantiles, que tienen el atractivo de la rima y el ritmo. Avance hacia los libros predecibles (como el de "Los tres cerditos") que permiten a los niños anticipar lo que va a ocurrir. Es posible que su pequeño hasta empiece a memorizar partes de sus cuentos favoritos.

·         Aproveche situaciones de la vida cotidiana para reforzar el habla y el lenguaje de su hijo. En otras palabras, pásese todo el día hablando sin parar. Por ejemplo, nombre los alimentos que compra en la tienda de comestibles, explíquele lo que hace mientras prepara la comida o limpia una habitación, señale objetos de la casa y, cuando vayan en coche, coméntele los sonidos que vayan oyendo. Formule preguntas a su hijo y hágase eco de sus respuestas (incluso aunque sean difíciles de entender). Hable de forma sencilla, pero no utilice nunca el habla infantil, es decir, la forma de hablar propia de los bebés.

Independientemente de la edad que tenga su hijo, reconocer y tratar su retraso en el habla o el lenguaje lo antes posible es el mejor enfoque que usted puede adoptar para ayudarle. Con un tratamiento adecuado, lo más probable es que su hijo pueda comunicarse mejor con usted y con el resto del mundo.

 

Fuente: 
http://kidshealth.org/parent/en_espanol/emociones/not_talk_esp.html#

¿DIFICULTAD CON EL HABLA, Y LA LECTOESCRITURA? PUEDE TRATARSE DE UN CASO DE DISLEXIA

¿Qué es la dislexia?

El término dislexia se emplea para designar un síndrome o conjunto de causas determinado, que se manifiesta como una dificultad para la distinción y memorización de letras o grupos de letras, falta de orden y ritmo en la colocación, mala estructuración de frases, etc.; que se hace patente tanto en la lectura como en la escritura.

¿Qué es lo que origina la dislexia?

La dislexia es el efecto de múltiples causas, que pueden agruparse entre dos polos. De una parte los factores neurofisiológicos, por una maduración más lenta del sistema nervioso y de otra los conflictos psíquicos, provocados por las presiones y tensiones del ambiente en que se desenvuelve el niño.

Estos factores llevan a la formación de grupos de problemas fundamentales, que se encuentran en la mayor parte de los trastornos del disléxico, cuya gravedad e interdependencia es distinta en cada individuo.

Por lo tanto, la dislexia sería la manifestación de una serie de trastornos que en ocasiones pueden presentarse de un modo global, aunque es más frecuente que aparezcan algunos de ellos de forma aislada. Estos trastornos son:

Mala lateralización: La lateralidad es el proceso mediante el cual el niño va desarrollando la preferencia o dominancia de un lado de su cuerpo sobre el otro. Nos referimos a las manos y los pies. Si el predominio es del lado derecho, es un sujeto diestro; si es del lado izquierdo, se denomina zurdo; y si no se ha conseguido un dominio lateral en algunos de los lados, se llama ambidiestro.

En general, la lateralidad no está establecida antes de los 5 ó 6 años, aunque algunos niños ya manifiestan un predominio lateral desde muy corta edad.

Los niños que presentan alguna alteración en la evolución de su lateralidad, suelen llevar asociados trastornos de organización en la visión del espacio y del lenguaje que vienen a constituir el eje de la problemática del disléxico.

El mayor número de casos disléxicos se da en los niños que no tienen un predominio lateral definido La lateralidad influye en la motricidad, de tal modo que un niño con una lateralidad mal definida suele ser torpe a la hora de realizar trabajos manuales y sus trazos gráficos suelen ser descoordinados.

Alteraciones de la psicomotricidad: Es muy frecuente que los niños disléxicos, con o sin problemas de lateralidad, presenten alguna alteración en su psicomotricidad (relación entre las funciones motoras y psicológicas). Se trata de inmadurez psico-motriz, es decir, torpeza general de movimientos. En el niño disléxico estas anomalías no se dan aisladas, sino que acompañan al resto de los trastornos específicos como:

Falta de ritmo: Que se pone de manifiesto tanto en la realización de movimientos como en el lenguaje, con pausas mal colocadas, que se harán patentes en la lectura y en la escritura.

Falta de equilibrio: suelen presentar dificultades para mantener el equilibrio estático y dinámico. Por ejemplo, les cuesta mantenerse sobre un pie, saltar, montar en bicicleta, marchar sobre una línea, etc.

Conocimiento deficiente del esquema corporal. Muy unido a la determinación de la lateralidad y a la psicomotricidad está el conocimiento del esquema corporal y sobre todo la distinción de derecha-izquierda, referida al propio cuerpo. Así el niño diestro (normalmente escribe, come, etc. con la mano derecha) y el zurdo (escribe, come...con la izquierda) tienen su mano derecha e izquierda, respectivamente, como puntos de referencia fundamentales sobre los que basar su orientación espacial. El niño mal lateralizado, al poseer una imagen corporal deficiente, carece de los puntos de referencia precisos para su correcta orientación. El cuerpo sitúa al sujeto en el espacio y es a partir del cuerpo como se establecen todos los puntos de referencia por medio de los cuales se organiza toda actividad. 

Trastornos perceptivos: Toda la percepción espacial está cimentada sobre la estructura fundamental del conocimiento del cuerpo. Se sitúan los objetos teniendo en cuenta que la posición del espacio es relativa, una calle no tiene realmente ni derecha ni izquierda, dependiendo ésta de la posición donde esté situada la persona.

También el concepto que tenga de arriba-abajo, delante-detrás, referido a sí mismo, lo proyectará en su conocimiento de las relaciones espaciales en general.

Del mismo modo, en la lectura y la escritura, el niño tiene que fundamentarse en sus coordenadas arriba-abajo, derecha-izquierda, delante-detrás; y plasmarlas en la hoja de papel y en la dirección y forma de cada signo representado. El niño que no distinga bien arriba-abajo tendrá dificultades para diferenciar las letras.

Características del niño disléxico

Falta de atención. Debido al esfuerzo intelectual que tienen que realizar para superar sus dificultades perceptivas específicas, suelen presentar un alto grado de fatigabilidad. Por esta causa los aprendizajes de lectura y escritura le resultan áridos, sin interés, no encontrando en ellos ningún atractivo que reclame su atención.

Desinterés por el estudio. La falta de atención, unida a un medio familiar y escolar poco estimulantes, hacen que se desinteresen por las tareas escolares. Así, su rendimiento y calificaciones escolares son bajos.

Inadaptación personal. El niño disléxico, al no orientarse bien en el espacio y en el tiempo, se encuentra sin puntos de referencia o de apoyo, presentando en consecuencia inseguridad y falta de estabilidad en sus reacciones. Como mecanismo de compensación, tiene una excesiva confianza en sí mismo e incluso vanidad, que le lleva a defender sus opiniones a ultranza.

Manifestaciones escolares

La dislexia se manifiesta de una forma más concreta en el ámbito escolar, en las materias básicas de lectura y escritura. Según la edad del niño, la dislexia presenta unas características determinadas que se pueden agrupar en tres niveles de evolución. De modo que aunque el niño disléxico supere las dificultades de un nivel, se encuentra con las propias del siguiente. De esta forma, la reeducación hará que éstas aparezcan cada vez más atenuadas o que incluso lleguen a desaparecer con la rehabilitación. A continuación realizamos un análisis por rangos de edad.

Niños de edades comprendidas entre los 4 y los 6 años

Esta etapa coincide con la etapa preescolar. Los niños están iniciándose en la escritura y en la lectura, pero como no se ha producido la adquisición total de éstas, los trastornos que presenten serán una predisposición a la dislexia y se harán patentes en el próximo nivel o en edades más avanzadas.

Las alteraciones se manifiestan más bien en el área del lenguaje, dentro de éstas podemos destacar:

·         Supresión de fonemas, por ejemplo "bazo" por "brazo", o "e perro" por " el perrro".

·         Confusión de fonemas, por ejemplo "bile" por "dile".

·         Pobreza de vocabulario y de expresión junto con una comprensión verbal baja.

·         Inversiones, que pueden ser fonemas dentro de una sílaba, o de sílabas dentro de una palabra. Por ejemplo: "pardo" por "prado"y "cacheta" por "chaqueta".

·         Mala estructuración del conocimiento del esquema corporal.

·         Dificultad para distinguir colores, tamaños, formas...

·         Torpeza motriz con poca habilidad para los ejercicios manuales y para realizar la escritura.

Niños de edades comprendidas entre los 6 y los 9 años

En este periodo la lectura y la escritura ya deben estar adquiridas por el niño con un cierto dominio y agilidad. Es en esta etapa donde el niño disléxico se encuentra con más dificultades y pone más de manifiesto su trastorno.

Las manifestaciones más corrientes en este periodo son:

·         Confusiones sobre todo en aquellas letras que tienen una similitud En su forma y en su sonido, por ejemplo : "d" por "b"; "p" por "q"; "b" por "g"; "u" por "n"; "g" por "p"; "d" por "p".

·         Dificultad para aprender palabras nuevas.

·         Inversiones en el cambio de orden de las letras, por ejemplo "amam" por "mama"; "barzo" por "brazo"; "drala" por "ladra".

·         Omisión o supresión de letras, por ejemplo "árbo" por "árbol".

·         Sustitución de una palabra por otra que empieza por la misma sílaba o tiene sonido parecido, por ejemplo: "lagarto" por "letardo".

·         Falta de ritmo en la lectura, saltos de línea o repetición de la misma.

·         En la escritura sus alteraciones principales son en letras sueltas.

·         En una fase más avanzada, cuando escribe comienza a hacerlo por la derecha y termina la palabra o frase por la izquierda, y sólo es legible si leemos la cuartilla con un espejo, con la consiguiente alteración en la colocación de las líneas.

·         Mezcla de letras minúsculas y mayúsculas. 

Niños mayores de 9 años

·         En el lenguaje tienen dificultades para construir frases correctamente, y conjugar los tiempos de los verbos.

·         La comprensión y la expresión son bajas para su capacidad mental.

·         La lectura suele ser mecánica, lo que les hace tener poco gusto por la lectura, debido al esfuerzo del niño en centrarse en descifrar palabras, sin atender al significado de las mismas.

·         Presentan dificultades para manejar el diccionario.

·         En la escritura es frecuente el agarrotamiento y cansancio muscular. La caligrafía es irregular y poco elaborada.

La recuperación del niño disléxico

El diagnóstico y la prevención deben empezar lo antes posible, desde el momento en que se observen las primeras anomalías. De este modo se evitan muchos problemas de inadaptación escolar y personal. Aunque la intervención se haga tempranamente, no se eliminan por completo las alteraciones, sino que en la mayoría de los casos hay que ir saliendo al paso de las dificultades que se van presentando, por lo que es aconsejable continuar con una tratamiento de mantenimiento.

El plan de recuperación en edad escolar está centrado en el área del lenguaje y en la inmadurez perceptiva y manual. Las actividades abarcan los siguientes aspectos:

·         Ejercicios de actividad mental: de atención y memoria, organizar y ordenar elementos, observar y distinguir unos objetos de otros.

·         Ejercicios perceptivos y manuales: reconocer y agrupar objetos según el color, según el tamaño y la forma.

·         Ejercicios para la adquisición del conocimiento de su propio cuerpo.

·         Ejercicios de equilibrio estático: mantenerse sobre un pie, mantenerse de puntillas, etc.

·         Ejercicios de equilibrio dinámico: saltar sobre dos pies, saltar con un pie, etc

·         Ejercicios espaciales (abajo-arriba, delante-detrás, etc.)

·         Ejercicios de lenguaje: nombrar y definir objetos, dibujos, contar cuentos.

·         Ejercicios para conocer su propio cuerpo: señalar partes del cuerpo, decirlas por su nombre, etc.

·         Ejercicios de lectura y preescritura, son ejercicios que ayudan a seguir el movimiento y reconocimiento de las letras, en este nivel se ejercita el aprendizaje de las vocales, consonantes y de los números. Para conseguirlo, además de los ejercicios de caligrafía, se utilizan las actividades con plastilina, pintura de dedos, recortado de figuras, picado, etc.

Todos estos ejercicios de rehabilitación del disléxico deben aumentar su complejidad en función de la edad cronológica del niño, y estimular y adquirir aquellos aprendizajes en donde se haya quedado estancado.

 

Fuente: 
http://www.saludalia.com/pruebas-diagnosticas/que-es-la-dislexian

DESARROLLO MOTOR ADECUADO

SOSTENER SU CABECITA, DARSE LA VUELTA, MANTENERSE SENTADO, GATEAR Y DAR SUS PRIMEROS PASOS SON HABILIDADES MOTORAS QUE PASO A PASO VA APRENDIENDO EL BEBÉ

 

El desarrollo de las habilidades motoras (gruesas) en el bebé puede decirse que comienza con el control de la cabeza para luego continuar con los brazos, manos y más tarde los músculos de la espalda, sentarse, gatear, ponerse de pie y finalmente andar (lo que constituye un logro muy importante ya que  les permitirá de forma autónoma desplazarse y de tener acceso al entorno que les rodea). He aquí el adecuado desarrollo del bebé mes a mes por lo que respecta a tales habilidades (aunque hay que tener en cuenta que las mismas pueden diferir de algunos meses en unos u otros bebés).

En el transcurso del primer mes el recién nacido empieza a mover su cabeza cuando alguien le habla. A la vez gira la vista en dirección a los sonidos y levanta la cabeza unos 45 grados sobre su vientre o costado.

A los dos meses al estar boca abajo ya es capaz de levantar brevemente su cabeza (que queda por encima del nivel del cuerpo).

A partir de los tres meses se apoya sobre sus brazos y ya sostiene su cabeza erguida durante un rato A la vez muestra curiosidad e interés por el entorno girándola al menor ruido.

Es a los cuatro meses aproximadamente cuando si se le coloca de costado se gira poniéndose boca arriba. A la vez controla su cabeza manteniéndola erguida y hasta la gira de un lado para otro.

Alrededor de los cinco meses estando boca arriba ya es capaz de darse la vuelta y colocarse boca abajo.

Al cumplir los seis meses el bebé ya se aguanta sentado unos instantes aunque es necesario que se apoye en sus manos, las cuales las coloca delante de su cuerpo sino al poco tiempo se caería de lado.

A los siete meses y en ocasiones hasta antes (5-6 meses) el niño se mantiene más tiempo sentado sin recostarse, aunque aun necesita apoyarse en sus manos delante para no caerse. A la vez gira la cabeza hacia ambos lados y su cuerpo sobre si mismo (de boca abajo pasa a boca arriba, no siendo posible hacerlo a la inversa). Así pues debe vigilarse donde se le coloca (sobre un sillón etc.) pues puede caerse. Le encanta estar erguido y si se le sostiene de pié sobre las piernas se mueve de contento. El niño avanza arrastrándose hacia delante con la tripa pegada al suelo (reptar) pues aun no tiene la suficiente fuerza.

Es a los ocho meses cuando el bebé se mantiene sentado con la espalda recta y sin apoyo alguno arrastrando el culito .El niño aun no gatea pero va de rastras de un lado para otro de la casa para así conocerla gracias a la fuerza muscular de sus brazos que va adquiriendo. Sus piernas aun no son capaces de moverse correctamente pero puede soportar su peso sobre las piernas si alguien le sostiene. Alrededor del final de los 8 meses el niño ya es capaz de sentarse sin apoyarse durante algunos minutos y avanza arrastrando el culito, sin embargo al coger un juguete que esta a su lado se ladea pierde el equilibrio y se cae.

Es a los nueve meses el momento en que el bebé aprende a gatear bien (al principio hacia los siete meses lo que hace es reptar) y ya se sienta con toda seguridad y estabilidad. Sentado en el suelo rodeado de objetos y juguetes se entretiene un buen rato.

A los diez meses el niño ya se pone en pié y se sostiene agarrado algún mueble. En la cuna se agarra a los barrotes y se pone en pié sin ayuda de nadie. Su cuerpo se encuentra ya lo suficiente fuerte para mantenerse en posición vertical y si se le ayuda consigue dar algunos pasos. Una vez que el niño gatea (primero poco a poco y después a gran velocidad) ya esta en condición de explorar el mundo que le rodea, lo que le expone a sufrir accidentes pues empieza a querer agarrar cosas que estén al alcance de su mano.

Es a los once meses si hasta ahora el niño andaba de frente agarrándose a los muebles, a un sillón o juguete con ruedas, cuando si se le ayuda con la mano ya se lanza a andar unos pasitos entre los muebles (aunque se cae). En un principio el niño anda con las piernas separadas.

A los doce meses el niño ya se sienta sin ayuda y se sostiene de pié sin ninguna sujeción o ayuda. Camina si se le da la mano y hasta hay algún niño que empieza a dar sus primeros pasos sin apoyo. A los 13 mese el bebé ya camina de la mano de un adulto y a los 14 meses ya da pasitos solo. A los 15 meses es cuando el niño ya camina solo sin ayuda. ( en caso contrario hay que consultar con el pediatra quien valorará la situación). Lo importante es que los niños caminen antes de los 18 meses. Es importante a esta edad acondicionar la casa a prueba de accidentes.

 Un breve resumen sobre la edad o plazos de adquisición de las habilidades motoras (aunque variable) puede alertar a los padres en caso de que no se cumplan. En este caso es al pediatra quien le corresponde llevar a cabo los exámenes correspondientes para descartar algún problema .

  • Sostener la cabeza: A los tres meses
  • Voltear su cuerpo: Hacia los 5 meses
  • Sentarse: Entre los 6 y los 9 meses
  • Gatear: A los 8-10 meses
  • Ponerse de pié: Entre los 8 y 12 meses
  • Caminar: Entre los 12 y los 18 meses

ES IMPORTANTE TENER EN CUENTA QUE SI SU BEBE TIENE UNA DIFERENCIA MUY CONSIDERABLE CON RESPECTO A LAS HABILIDADES PLANTEADAS ANTERIORMENTE, ES IMPORTANTE QUE ACUDA A UN PROFESIONAL EN PEDIATRIA QUIEN PROBABLEMENTE LO ENVIE A CONSULTA CON FISIOTERAPIA CON EL FIN DE GENERAR LA ESTIMULACION ADECUADA PARA QUE SU HIJO(A) SE NIVELE DE MANERA CORRECTA.

 

 

Fuente: 
http://www.pediatricblog.es/sostener-su-cabecita-darse-la-vuelta-mantenerse-sentado-gatear-y-dar-sus-primeros-pasos-son-habilidades-motoras-que-paso-a-paso-va-aprendiendo-el-bebe/

Terapia Ocupacional en el adulto mayor: el valor de lo cotidiano

El concepto de envejecimiento activo, según la OMS, se refiere al proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen. Permitir desplegar el potencial de bienestar físico, social y mental a lo largo de todo el ciclo vital y participar en la sociedad de acuerdo con sus necesidades, deseos y capacidades, mientras se les proporciona protección, seguridad y cuidado adecuados cuando necesitan asistencia.

 

Esta concepción es más amplia que la de envejecimiento saludable y tiene relación con la planificación basada en la persona y el desarrollo de la autodeterminación. Como se vive y se significa la vejez. Sí este período de vida se transita desde la pérdida, la nostalgia, la patología o si se vive desde las vivencias, la reminiscencia y las oportunidades presentes.

 

Desde el envejecimiento activo se busca:

 

1. Compensar la pérdidas con ganacias, descubrir que hay posibilidades según sus destrezas.

2. Desencadenar la aparición del recuerdo reminiscente en lugar de vivir en la nostalgia.

3. Construir redes sociales de sostén: participación en deberes y derechos sociales y cívicos.

4. Generar conductas responsables hacia el cuidado de la propia salud.

5. Desencadenar relaciones intergeneracionales que permitan transmitir su vivencia y no estancarse.

 

Muchas son las disciplinas que intervienen en la difusión del envejecimiento activo, a mi criterio, desde la Terapia Ocupacional se interviene a través de técnicas que posibilitan desarrollar conductas saludables potencializando las funciones presentes en los adultos mayores, como ser: preparación para la jubiliación, sostener y garantizar la autodeterminación y brindar herramientas para el autocuidado de la salud, entre numerosos abordajes que se realizan para que los adultos mayores transiten un envejecimiento activo.

 

Maria Jimena Garriga - Lic. Terapia Ocupacional

Fuente: 
http://www.vejezyvida.com/envejecimiento-activo-y-terapia-ocupacional/

Enderécese para sentirse mejor

Las mamás tienen razón, es bueno enderezarnos y ponernos erguidos. Ahora un nuevo estudio lo confirma: una buena postura no sólo nos hace vernos mejor, también parece tener beneficios médicos.

 

La investigación de las universidades del Sur de California (USC), Estados Unidos, y de Toronto, Canadá, encontró que una mala postura no sólo causa una mala impresión, también puede hacernos físicamente débiles. Por el contrario, dicen los científicos en Journal of Experimental Social Psychology (Revista de Psicología Social Experimental), enderezar la columna y adoptar una postura dominante reduce nuestra sensibilidad al dolor. 


Tal como explica el doctor Scott Wiltermuth, profesor de organización gerencial de la USC, estudios en el pasado han mostrado que adoptar una postura dominante puede cambiar los niveles hormonales del individuo e incrementar su propensión a tomar riesgos.

El profesor Wiltermuth se dedica a investigar cómo los individuos se comportan e interactúan en grupos y parejas y como la dinámica interpersonal impacta sus funciones.

En el nuevo estudio deseaba ampliar las investigaciones sobre el poder psicológico de la postura corporal, para observar si ésta también puede tener un impacto físico, en particular si puede influir en la sensibilidad al dolor.


Junto con la doctora Vanessa Bohns, experta en conducta organizativa de la Universidad de Toronto, llevaron a cabo dos experimentos en los que los participantes debían adoptar tanto poses dominantes como sumisas y neutrales mientras eran sometidos a una fuente de dolor.


También debían llevar a cabo una prueba para medir su fuerza de agarre.

Los experimentos se llevaron a cabo tanto con los participantes solos como acompañados de una pareja con la que debían interactuar.
Los científicos encontraron que los participantes que adoptaron poses dominantes mostraron mayores umbrales de dolor que los que adoptaron poses sumisas o neutrales.

Y no sólo eso, dicen, los resultados mostraron que la postura también tiene un impacto en la interacción personal.


"Los participantes que interactuaron con una pareja sumisa mostraron un umbral de dolor más alto y una mayor fuerza de agarre que los participantes que interactuaron con una pareja dominante". Los científicos creen que el efecto se debe a que enderezar el cuerpo tiene un impacto en los niveles de hormonas vinculadas al dolor.


"Aunque la mayoría de la gente nos encogemos como un ovillo cuando nos duele algo, el estudio sugiere que deberíamos hacer lo opuesto" afirman los investigadores.

"De hecho, el estudio sugiere que encogernos en un ovillo podría hacer la experiencia de dolor más poderosa porque te hace sentir que no tienes ningún control sobre tus circunstancias, lo que a su vez intensifica la anticipación del dolor".


"En lugar de esto, trate de sentarse o pararse derecho, inflando su pecho y expandiendo su cuerpo".


Estas conductas, dicen los investigadores, pueden crear una sensación de poder y control que a su vez hacen al proceso más tolerable.


Los científicos creen que la postura expansiva podría ayudar a elevar los niveles de testosterona, que está asociada con una mayor tolerancia al dolor, y disminuir los niveles de cortisol, la hormonal asociada al estrés, lo cual podría hacer la experiencia menos estresante.

Tal como señala el doctor Wiltermuth, estos resultados sugieren que mantenerse erguido y "con la frente en alto" también podría tener un impacto en el dolor emocional.

"Es posible asumir que las posturas dominantes nos ayuden para que cuando recordemos un evento emocional angustioso sea menos doloroso".

Y como la postura de la gente que nos acompaña también parece tener un impacto, los investigadores sugieren que quizás los médicos y trabajadores de salud deberían adoptar posturas más sumisas ante sus pacientes, en particular a quienes deben someterse a procedimientos dolorosos.


De esta forma, dicen, podrían disminuir el estrés del enfermo y quizás hacerlo menos susceptible al dolor.

 

Fuente: 
http://www.terapia-fisica.com/enderecese-para-sentirse-mejor.html

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