Noticias

¿Es mi hijo inteligente?

Esta una de las preocupaciones más frecuentes de los padres. Por ello es importante tener en cuenta que la inteligencia es una facultad que se puede desarrollar y no algo innato e inamovible. Por otro lado, no existe un solo tipo de inteligencia sino diferentes tipos que se combinan entre sí. Les presentamos aquí propuestas para estimular a su hijo y descubrir qué tipo de inteligencia 
posee. 
 

Inteligencias múltiples

A pesar de que generalmente se habla de la inteligencia en un sentido singular, muchos especialistas sostienen que debe pensarse en plural. Los seres humanos poseen varios tipos de inteligencia combinadas entre sí: la lingüística, la lógico-matemática, la espacial, la musical, la corporal, la intrapersonal, la interpersonal y la naturalista. 

Si bien en cada persona predomina alguna de ellas, las otras acompañan el proceso de 
conocimiento. Así por ejemplo, un ingeniero necesita una inteligencia espacial bien desarrollada, pero también precisa de la lógico matemática para realizar cálculos de estructuras, de la interpersonal para presentar sus proyectos frente a un auditorio, de la corporal para conducir su automóvil hasta la obra.

Por otro lado, es importante recordar que se trata de una facultad que se hereda pero, a la vez, depende para desarrollarse del estímulo del medio ambiente, de las experiencias vividas y de la educación recibida.
 

La función de los padres

De todo esto se desprende la importancia de respetar y estimular el tipo de inteligencia que posee nuestro hijo. También conviene tener en cuenta que del tipo de inteligencia que posea dependerá su estilo de aprendizaje. Por eso es bueno ofrecerle actividades que le ayuden a aprender y a expresarse de la forma que le resulta más natural.

Aun así, el niño necesita estar expuesto a una variedad de experiencias. Saber qué tipo de inteligencia tiene nuestro hijo no significa hacer caso omiso de otras aptitudes y capacidades. Por ejemplo, aunque no demuestre mucha coordinación física ello no significa que no deba realizar deportes. En este caso estaríamos privándolo de los beneficios de las actividades grupales o del contacto con la naturaleza. Asimismo, si su área fuerte no es la lingüística ni la matemática, no quiere decir que no pueda aprender a leer o a sumar. Simplemente significa que cuando utiliza sus aptitudes especiales, le resulta más fácil incorporar conocimientos.

En síntesis, la función de los padres es descubrir las capacidades de sus hijos y estimularlos para que aprendan de la forma más adecuada y sencilla. Para que esto ocurra no hace falta que nos convirtamos en maestros. Podemos hacerlo de un modo divertido, afectuoso y placentero para todos. Es imprescindible recordar que la principal herramienta que poseemos es el juego.
 

Inteligencia espacial

Se caracteriza por la capacidad de formar un modelo mental del mundo en tres dimensiones. Los niños que poseen esta inteligencia son hábiles para dibujar, hacer manualidades, leer, escribir y tienen un buen sentido de la orientación. 

Conviene ofrecerles muchos y variados materiales para que puedan dibujar, escribir, pintar, cortar y armar distintas figuras y objetos. Se trata de proporcionarles elementos simples para que a partir de ellos pueda crear sus propios diseños.

El armado de rompecabezas, desde los más sencillos a los más complejos, siempre es un desafío placentero. Cuando viajamos en automóvil podemos ofrecerles un mapa de ruta o un plano de la ciudad para que vayan siguiendo el camino recorrido. Tratar de salir de un laberinto puede resultar una experiencia de lo más excitante.
 

Inteligencia lingüística

Se manifiesta en la destreza para hablar, relatar cuentos, escribir, escuchar, usar el humor, recordar información o utilizar el lenguaje de una manera ingeniosa. 

Las primeras formas de estimularla es hablándole o contándole cuentos. Conviene, de a poco, hacer más complejas estas actividades. Por ejemplo, tratar de que los cuentos los relate nuestro hijo o que él proponga el tema y lo vayamos armando juntos. Cuando sepa escribir, pedirle que él mismo haga un libro y se lo lea al resto de los integrantes de la familia.

Los juegos de tablero que usan palabras, las cartas, los trabalenguas o los chistes son divertidos recursos para estimular este tipo de capacidad.
 

Inteligencia lógico-matemática

Desarrolla la habilidad para resolver problemas, para agrupar, clasificar y trabajar con formas geométricas. 

Para estimularla podemos proponerle a nuestro hijo que clasifique objetos. Existen tres formas de hacerlo: presentándole un grupo de objetos ya clasificados y pedirle que añada otros, enseñarle otro grupo y sugerirle que saque los objetos que no corresponden a la clasificación o solicitarle que 
busque objetos en la casa según distintos criterios: color, forma, peso. 

Otras actividades se centran en el establecimiento de relaciones de causa-efecto. Para ello podemos mezclar colores, pinchar un globo con un alfiler, dar cuerda a un juguete y observar cómo se mueve o encender un interruptor. Una vez finalizado el experimento es importante que respondamos juntos a la pregunta: ¿por qué crees que sucedió…?
 

Inteligencia corporal

Se centra en la capacidad de utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Los niños que poseen este tipo de inteligencia se destacan en las danzas, la interpretación teatral o los deportes.

Para estimularla permitamos que nuestro hijo pruebe distintos tipos de actividades deportivas. Es importante que, al principio, realicemos estas prácticas con él. Por ejemplo, jugar a la pelota, acompañarlo a andar en bicicleta o patines o compartir el aprendizaje de la natación.

La interpretación de cuentos utilizando solamente la danza o la adivinación de títulos de películas a través de mímicas son juegos muy apropiados para estimular este tipo de inteligencia.
 

Inteligencia musical

Desarrolla la sensibilidad para producir y pensar en términos de ritmos, tonos o timbres de los sonidos. Los niños que poseen este tipo de inteligencia son muy innovadores, con una gran capacidad para expresar y canalizar sus emociones y sentimientos y mucha habilidad para las matemáticas.

Para estimularla es bueno tener música en diferentes áreas de la casa e introducir a nuestro hijo en los sonidos e instrumentos musicales básicos como campanas y tambores. Dejemos que experimente libremente ritmos y tonos. Cantar canciones, conocidas o inventadas por él, ampliará su capacidad sonora, de expresión y de movimiento. En la etapa escolar, motivémoslo para que 
aprenda a tocar un instrumento musical o tome clases formales de música.
 

Inteligencia interpersonal

Se centra en la capacidad para ver el punto de vista de la otra persona, escuchar, poder reaccionar acertadamente ante las acciones de otros, formar buenas relaciones, resolver conflictos y desempeñarse como líderes.

Para estimularla es central que, desde pequeño, nuestro hijo interactúe con otros adultos y con otros niños. Cuando sea más grande conviene ofrecerle que participe en actividades grupales y asuma el papel de líder.
 

Inteligencia intrapersonal

Desarrolla la habilidad de determinar por uno mismo los aspectos fuertes y débiles de la personalidad, de comprenderse a sí mismo y de entender la mejor forma de relacionarse con los demás.

Para estimularla es importante dejar que nuestro hijo tome el tiempo necesario para pensar antes de elegir entre opciones y tenga momentos de tranquilidad y reflexión. En la edad escolar escribir un diario íntimo o encontrar proyectos independientes son actividades muy apropiadas. 

Fuente: 
http://www.tudiscoverykids.com/padres/articulos/mi-hijo-es-inteligente/

Siete recomendaciones claves para corregir las groserías y pataletas en los niños

Berrinches y palabras soeces ‘a media lengua’ son algunos hábitos que adquieren los niños y a los que muchos padres no dan importancia, les parece gracioso o simplemente no utilizan los métodos adecuados para corregirlos. Y, por el contrario, deben estar atentos para orientarlos. Habrá momentos durante el desarrollo en los que los padres deben poner límites claros y firmes cuando el niño está explorando su entorno. Entre los 12 a 18 meses, dependiendo del pequeño, los niños van logrando un desarrollo cognoscitivo que les permite hacer cada vez más actividades. Caminan, piden las cosas y poco a poco asumen una posición que demuestra un creciente nivel de independencia.

En esta etapa y hacia los dos años, el niño comienza con las famosas pataletas y berrinches que representan un reto de paciencia para los padres. Estos momentos son normales entre los 12 meses y 5 años de edad, y aunque no representan una grosería en sí mismos, se deben manejar adecuadamente para evitar que se agudicen o se transformen en dificultades disciplinarias.

“El comportamiento impulsivo del niño es una conducta que, dentro del desarrollo emocional, es normal, porque los niños son muy inmaduros y todavía no tienen la relación razón-comportamiento, razón-emoción. Pero cuando ellos encuentran un factor incontrolable en su entorno, entonces el problema se agrava”, explica el sicólogo Luis Alberto Rengifo, especialista en niños y adolescentes. En los casos en los que las pataletas se salen de las manos, es aconsejable que los padres consulten un especialista en sicología infantil.

Grosería verbal
Es frecuente que cuando los pequeños ingresan a la escolaridad o tienen contacto con otros niños, empiecen a manifestarse con palabras consideradas como groserías. Según la sicóloga infantil Paula Andrea Bernal, “usualmente los niños las escuchan y no tienen conocimiento de que son palabras ‘malas’, pero observan que tienen gran impacto en el entorno”. Algunas veces la grosería verbal está asociada a la pataleta. “Cuando el chico grosero hace berrinche, lo acompaña con malas palabras porque él sabe que esta se encuentra asociada con el acto, porque él lo ha visto y escuchado en el ambiente que lo rodea”, explica Rengifo.

Es importante que los adultos actúen como mediadores con sus pequeños para que aprendan a regularse y a utilizar un vocabulario aceptable para manifestar su frustración, tristeza o rabia. Si le prohibie decir esa palabra y se molesta cada vez que el pequeño la pronuncia, él seguirá diciéndola por ese impacto que genera entre los adultos.

¿Por qué son groseros?

La principal causa de las groserías en los pequeños es porque las escuchan de niños más grandes o de los adultos. Se debe tener en cuenta que cuando se pronuncian, siempre se está en un momento de alteración y es frecuente que los niños las digan para ver si ellos pueden obtener el mismo resultado y llamar la atención de los adultos.

Para demostrar independencia. Los niños están tratando de probar que ellos son seres independientes de sus padres, y que éstos no pueden controlar todo lo que ellos dicen, quieren y hacen.

Para imitar lo que ven en la televisión o en el cine. Los niños son fácilmente afectados por el ambiente. Si ellos tienen este ‘modelo’, lo más seguro es que tiendan a imitarlo.

 

Cómo corregirlos
1. Averiguar las razones por las cuales utiliza las groserías o actúa de manera grosera.
2. Converse con el pequeño. “Hable del por qué la gente dice groserías, defina cuáles son las malas palabras, y explíquele por qué no son aceptadas en su familia. Aclárele cuáles serán las consecuencias por decirlas y aplíquelas la próxima vez”, aconseja la sicóloga Paula Bernal.
3. Cuando tengan pataletas o digan groserías, no hay por qué agredirlos, pues ellos pueden desarrollar una serie de comportamientos negativos. El sicólogo Luis Alberto Rengifo explica que “si los padres son buenos modelos, no necesitan castigar. Si los niños se comportan dependiendo de la actitud de papá o mamá, entonces por qué castigar algo que ellos mismos han generado”. Tampoco los discrimine, pues se pueden mostrar aislados o inhibidos al hablar. Y nunca festeje o tome en chiste la grosería, pues ellos lo tomarán del mismo modo.
4. Se deben fijar límites. Explíquele al niño que hay palabras que no deben usar los niños, existen otras que pueden sustituir a las vulgares y que hay algunas que son bastante desagradables de escuchar.
5. Además de conversar, sobre todo en los niños más pequeños, se debe actuar. Háblele y luego actúe de acuerdo con lo dialogado. Bernal resalta que “lo más importante es reconocer las emociones del niño y validar el que todos podemos sentirnos molestos o tristes, pero que existen formas socialmente aceptadas para expresarse”.
6. Aplique algunos costos de acuerdo con la conducta del menor. Es decir, fije controles y castigos, sin necesidad de maltratarlo, pues él entenderá que un acto negativo lo lleva a perder un tiempo de diversión, alguna actividad favorita, etc.
7. Refuerce el buen comportamiento. Cuando un niño responda a la ira de una forma apropiada, asegúrese de reconocérselo.

 

Fuente: 
http://www.abcdelbebe.com

Problemas para pronunciar la RR?

SI TU HIJO PRESENTA PROBLEMAS DE LENGUAJE, COMUNICATE CON NOSOTROS AL 548 48 52 PARA ATENDERTE EN LA COMODIDAD DE TU CASA.

Es bastante frecuente que los niños que empiezan a hablar tengan problemas para pronunciar la “r”. A este trastorno se le llama rotacismo, es el nombre que se le da a la dislalia selectiva del fonema “r”. Una dislalia es una incapacidad para pronunciar correctamente ciertos sonidos o grupos de sonidos.

El trastorno para pronunciar la letra “r” suele ser pasajero, es una de las letras más complicadas de pronunciar junto con la “d” y la “z”, por eso es una de las últimas en adquirir, pero se corrige a medida que el niño va practicando el habla y afinando la audición.

Sin embargo, si cumplidos los cinco años, cuando el niño ya debería pronunciar correctamente todos los fonemas, todavía no lo tiene superado, es conveniente consultar con un Fonoaudiólogo para determinar el origen del problema y buscar una tratamiento.

¿Por qué tiene problemas para pronunciar la “r”?

El rotacismo no se debe a un problema de retraso ni psicológico. El uso prolongado del chupete puede ser un precedente, así como que alguno de los padres también tenga algún problema para pronunciar la “r”. Recordemos que los niños aprenden los sonidos por imitación, por lo cual es muy factible que pronuncie como lo hacen sus mayores.

Luego, hay dos causas principales. Por un lado, la más frecuente, es una mala colocación de la lengua y del aire, haciendo que el sonido no se pronuncie de la forma adecuada.

Otra posibilidad es que exista un problema físico que impida la emisión de ciertos sonidos, como frenillo sublingual, hendidura del paladar o tal vez hipoacusia. Antes de comenzar con un tratamiento es importante conocer la causa del rotacismo para saber qué camino seguir.

La “r” es una consonante alveolar, cuyo sonido se consigue haciendo vibrar la punta de la lengua contra el paladar. El problema radica en que el niño no es capaz de hacer correctamente esta articulación y hay que enseñárselo. Puede haber problemas para pronunciar la vibrante simple (“r” suave) o múltiple (“rr” fuerte”).

A su vez hay diferentes clases de rotacismo, dependiendo del lugar y modo de pronunciar el sonido. Puede ser labial, lingual o velar (“r” francesa)

¿Qué puede hacer un Fonoaudiólogo por el niño?

El Fonoaudiólogo es un profesional capacitado para reeducar los procesos de articulación del habla. Primero determinará el origen del problema y llevará a cabo una terapia trabajando los músculos de la cara, de la lengua y la respiración para conseguir que el niño pronuncie adecuadamente.

La duración del tratamiento depende de cada niño y del grado de dificultad que presente, pero puede durar semanas o meses.

¿Por qué hay que corregir el rotacismo?

En la edad a la que el niño empieza a leer y escribir, el no poder pronunciar correctamente ciertos fonemas trae consecuencias en el aprendizaje de la lectura y de la escritura. Al no pronunciarla no la reconocen haciendo muy difícil la comprensión de la lectura. Hay niños que hasta evitan las palabras que llevan la “r” dificultando la expresión oral.

Es un trastorno que conviene tratar cuanto antes. El tratamiento es muy efectivo y da excelentes resultados. De no ser curado el problema se enraíza y es más difícil solucionarlo.

Puede provocar baja autoestima, hacer que el niño se recluya, retraso escolar y en algunos casos acarrea otros defectos del habla como la tartamudez.

Ejercicios para aprender a pronunciar la letra “r”

Hay algunos ejercicios que podéis hacer en casa. Aunque es muy importante tener cierto “tacto” para que no se convierta en algo con lo que el niño acabe a disgusto y termine provocando el efecto contrario al deseado. No hay que obligarlos ni alargar demasiado el tiempo (no más de media hora), ni hacer ejercicios demasiado estrictos. Deben convertirse en un juego para que de una forma lúdica, el niño vaya progresando.

·         Ejercicios respiratorios: relajar el cuerpo y la lengua mediante ejercicios de respiración profunda.

·         Ejercicios de entrenamiento de la lengua: sacar la lengua, mover la punta hacia la derecha, izquierda, arriba y abajo. Hay un ejercicio que me parece de lo más adecuado para niños. Se podría llamar “mi boca es una casa”. Hay que hacerlo todos los días. Consiste en hacer que el niño haga un dibujo de una casa, con sus paredes, techo, puerta, estanterías y suelo y trasladarla a su boca. El techo es el paladar, las paredes los carrillos, la puerta la abertura de la boca, las estanterías los dientes y el suelo la parte inferior. La lengua es la encargada de limpiar la casa y así recorrer consciensudamente cada parte de la casa (saca telarañas de los techos, limpia estanterías, repasa las paredes, etc.). Luego la lengua sale a pasear y vuelve a entrar, sacándola y metiéndola.

·         Chasquear la lengua con el paladar superior a diferentes velocidades, morderla ligeramente, recorrer los dientes de izquierda a derecha y luego al revés, doblarla hacia dentro.

·         Practicar el sonido “r”. Imitar el sonido de una moto, trabalenguas, palabras y frases que contengan la letras “r” repetidas veces, exagerar las erres (por ejemplo: “ferrrrocarrril”). Haz que te mire cómo colocas la lengua cuando lo pronuncias así te imita. Un trabalenguas conocido por todos: “Erre con erre cigarro, erre con erre barril, rápido corren los carros cargados de azúcar al ferrocarril.”.

 

LLAMANOS SI TU HIJO TIENE DIFICULTADES DE LENGUAJE AL 548 4852

Fuente: 
http://www.bebesymas.com/desarrollo/rotacismo-problemas-para-pronunciar-la-r

Mi hijo aún moja la cama, ¿me debo preocupar? ¿qué puedo hacer?

¿Qué es la enuresis?

Es orinarse mientras duerme, a una edad en la que se espera que ya no suceda. Habitualmente el control de la vejiga se consigue entre los 2 y 4 años.

Puede ser primaria cuando nunca existió control de la micción nocturna o secundaria cuando se consiguió al menos 6 meses seguidos y se pierde por algún motivo.

¿Por qué ocurre?

Las causas que hacen que un niño sano se orine por la noche más allá de los 5 años no son bien conocidas. Se ha relacionado con:

·         Herencia: muchas veces algún familiar lo ha tenido.

·         Género: sobre todo varones.

·         Mayor producción de orina por varios motivos, entre ellos beber mucho antes de acostarse o durante la noche.

·         No ser capaces de despertarse para orinar.

·         Estreñimiento crónico: por presión del intestino lleno de heces sobre la vejiga.

·         Problemas psicológicos: estrés, conflictos familiares o escolares, celos por el nacimiento de un hermano, etc.

¿Cuándo debo consultar con el pediatra?

Cuando exista preocupación por la enuresis en el niño y/o la familia o temor por sus repercusiones. No espere que el problema se solucione sin tratamiento si su hijo moja casi todas las noches o si es mayor de 9 años.

Otros motivos que aconsejan la consulta médica son:

·         La enuresis aparece después de no haberse orinado al menos durante 6 meses seguidos.

·         Cambios en la cantidad o en el número de veces que orina al día.

·         Si asocia estreñimiento o encopresis (se hace “caca” en la ropa).

·         Dolor, escozor o dificultad para orinar. Orina turbia, maloliente o con sangre.

·         Chorro fino al orinar o escapes de gotas de orina después de finalizar.

·         Escapes de orina durante el día, excepto si la causa es que el niño no va a orinar porque está atrapado por el juego, televisión, etc.

·         Asocia cambio repentino de la personalidad o el estado de ánimo.

¿Qué suele hacer el pediatra en la consulta?

·         Le hará preguntas sobre el problema y la salud de su hijo.

·         Es posible que le explore el abdomen, los genitales y la espalda. La exploración del niño es normal en la enuresis primaria.

·         También puede solicitar un registro de la cantidad y veces que orina al día, durante unos días, para estimar cuánta orina cabe en su vejiga.

·         No suele necesitar otras pruebas (análisis, radiografía, ecografías…) antes de iniciar el tratamiento, salvo que sospeche alguna enfermedad. En este caso, probablemente lo derive a otro especialista.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo?

No reñir ni castigar al niño que moja la cama. No lo hace porque quiere, es un problema médico. Probablemente a él también le molesta, aunque no lo diga.

Puede ayudarle con estas medidas:

·         Evitar que se sienta culpable, les ocurre a muchos niños.

·         Regla familiar: no burlarse del niño. La autoestima de su hijo está en juego.

·         Vigile que orine antes de acostarse y que no beba líquidos antes de dormir o por la noche. Las bebidas con cafeína se deben evitar siempre.

·         Para iniciar el control de la enuresis, retire el pañal para dormir. Puede usar un protector del colchón bajo la sábana o más cómodo, absorbentes con/sin alas sobre ella.

·         Motive al niño con un calendario de noches secas y mojadas mediante dibujos o pegatinas y prémielo cuando consiga algún objetivo. Si ve que no mejora, no insista con el calendario porque le frustrará.

·         Muéstrele satisfacción con mínimos avances (despertarse seco de la siesta o alguna noche, despertarse para orinar, intentar no ponerse pañal para ser mayor…).

·         Deje que su hijo le ayude o cambie solo la ropa mojada, pero que no lo vea como castigo.

·         Levantarle a orinar por la noche hará que no moje la cama, pero no resuelve la enuresis. El niño suele estar dormido y no se da cuenta de lo que hace.

·         Retener la orina durante 5-15 minutos cuando siente ganas de hacer pis no es perjudicial, pero no ha demostrado ser eficaz.

·         Indicarle que “corte el chorro” cuando está orinando, es ineficaz y contraproducente. Puede alterar la función vesical.

¿Cuándo se debe iniciar un tratamiento?

Si tiene menos de 5 años no debe preocuparse porque moja la cama, pero muchos padres desconocen que existen tratamientos eficaces y consultan demasiado tarde. Consideran normal que sus hijos sean enuréticos porque ellos lo fueron. No sabemos a qué edad se va a resolver la enuresis en cada caso, aunque los niños más pequeños que mojan pocas noches por semana son los que más probabilidad tienen de curar espontáneamente o con estímulo.

Cada niño y circunstancia son diferentes, pero la edad más precoz para iniciar el tratamiento son los 5 años.

¿Existen tratamientos eficaces para solucionar la enuresis?

Hay dos tratamientos para solucionar o controlar la enuresis:

·         Terapia con alarma de enuresis: es un dispositivo que emite sonido, luz y/o vibración con las primeras gotas de orina. Es el tratamiento más eficaz ya que enseña al niño a responder a las sensaciones de la vejiga. Exige motivación, esfuerzo y colaboración del niño y familia.

·         Tratamiento con desmopresina: es un fármaco que disminuye la producción de orina por la noche. Es ideal para los campamentos o situaciones esporádicas y una alternativa a la alarma cuando no está indicada o no puede utilizarse. Son frecuentes las recaídas al suspenderlo. Tiene riesgos de intoxicación si bebe líquidos, debe evitarlos desde 1 hora antes hasta 8 horas después de su toma. Síntomas como vómitos, diarrea, dolor de cabeza o adormecimiento recomiendan dejar el tratamiento y consultar.

Los dos tratamientos requieren constancia y supervisión por un profesional. Habitualmente se necesitan varios meses para solucionar la enuresis. Puede haber recaídas que exijan nuevos ciclos o cambios de tratamiento.

 

Fuente: 
http://www.familiaysalud.es/nos-preocupa-que/mi-hijo-aun-moja-la-cama-me-debo-preocupar-que-puedo-hacer

¿Como saber si el lenguaje de mi hijo es el adecuado para su edad?

Hablar

Tu bebé aprenderá gradualmente a utilizar palabras para describir lo que ve, escucha, siente y piensa, a medida que vaya realizando avances mentales, emocionales y de comportamiento

Los investigadores saben ahora que mucho antes de que un bebé pronuncie sus primeras palabras, ya está aprendiendo las reglas del lenguaje y cómo lo usan los adultos para comunicarse. 
 

Cuándo se desarrolla

Los niños aprenden a hablar durante sus dos primeros años de vida. Tu bebé comenzará a usar su lengua, labios, paladar y cualquier diente que le salga para hacer sonidos ("ooh" y "aaah" en el primer mes o dos; el balbuceo empieza poco después). 

Muy pronto esos sonidos se convierten en palabras reales (puede que escuches "mamá" y "papá" a los cuatro o cinco meses, y apenas puedas contener la emoción).

A partir de ese momento tu bebé aprenderá más palabras de ti, de tu pareja y de cualquier persona que esté en contacto con él. Y entre el primer ysegundo año, comenzará a formar frases de dos o tres palabras. 
 

Cómo se desarrolla

Los llantos de tu hijo son su primera exploración del mundo del lenguaje. Está expresando la sorpresa que le produce estar fuera de los confines de tu útero y en un lugar nuevo que no le es familiar. Desde ese momento en adelante, estará absorbiendo sonidos, tonos y palabras que más adelante moldearán la forma en la que habla. 

Hablar está directamente ligado a escuchar. Al escuchar a otros hablar, tu bebé aprende cómo suenan las palabras y cómo se estructuran las frases. 

De hecho, muchos investigadores creen que el trabajo para comprender el lenguaje comienza mientras un bebé está en el útero. 

Al igual que tu bebé se acostumbró al sonido rítmico y constante de tu corazón, se familiarizó con el sonido de tu voz. Unos pocos días después de nacer, ya era capaz de distinguir tu voz entre las demás. 

De uno a tres meses 
La primera forma de comunicación de tu bebé es llorar. Un grito agudo puede significar que tiene hambre, mientras que lloros de protesta constantes pueden indicar que necesita que le cambien el pañal.

A medida que crezca, desarrollará un maravilloso repertorio de gorjeos, suspiros y grititos: se convertirá en una pequeña fábrica de ruidos.

En cuanto a su capacidad de comprender el lenguaje, los lingüistas dicen que los bebés con tan sólo cuatro semanas, pueden distinguir entre sílabas similares como "ma" y "na". 

Cuatro meses 
En esta etapa, tu hijo comenzará a balbucear, combinando consonantes y vocales (como "baba" o "yaya"). Puede que de vez en cuando pronuncie "mama" o "papa", y aunque seguro que te derrite el corazón, tu bebé todavía no relaciona esas palabras contigo. Eso viene después, cuando tiene casi un año. 

Sus intentos de hablar sonarán como una corriente de monólogos de conciencia en otro lenguaje, palabras sin fin unidas unas a otras. La vocalización es un juego para tu bebé, que está experimentando con el uso de su lengua, dientes, paladar y cuerdas vocales para hacer todo tipo de sonidos divertidos.

En esta etapa, los sonidos balbuceantes suenan todos parecidos, tanto si en tu casa se habla español como inglés, francés o japonés.

Puede que notes que tu hijo prefiere ciertos sonidos (como "ka" o "da", por ejemplo) y que los repite una y otra vez porque le gusta la forma en la que suenan y cómo se siente su boca cuando los dice. 

Seis a nueve meses 
Cuando balbucea y vocaliza, sonará como si lo que dice tuviera sentido. Eso es porque está usando tonos y patrones similares a los que tú usas. Puedes estimular el balbuceo de tu bebé leyéndole. 

12 a 17 meses 
Ahora está usando una o más palabras y sabe lo que significan. Incluso practicará la inflexión de las frases, elevando su tono cuando haga preguntas al decir, "¿Upa?" para que le tomes en brazos, por ejemplo.

Se está dando cuenta de la importancia de hablar y de lo poderoso que es poder comunicar sus necesidades. 

18 a 24 meses 
Su vocabulario puede incluir hasta 200 palabras ahora, muchas de las cuales son nombres. Entre los 18 y los 20 meses, los niños aprenden 10 o más palabras cada día. Algunos aprenden nuevas palabras cada 90 minutos; por eso, cuida tu lenguaje y no digas delante de tu hijo palabras que no deseas que aprenda. 

Incluso juntará dos palabras para formar una frase básica como "Quiero agua".

Para cuando tenga dos años usará frases de tres palabras y cantará canciones simples. 

Su conciencia de sí mismo madurará y comenzará a hablar de él mismo, de lo que le gusta y de lo que no le gusta y de lo que piensa y siente. Los pronombres puede que le confundan, por lo que puede que intente evitarlos diciendo "Bebé quiere", en vez de "Yo quiero". 

25 a 36 meses 
Puede que a tu hijo le cueste un poco determinar cuál es el volumen adecuado que tiene que usar al hablar, pero aprenderá pronto. También está empezando a aprender a usar pronombres como "yo" y "tú". 

Entre las edades de dos y tres años, su vocabulario aumentará hasta 300 palabras. Unirá nombres y verbos para formar frases completas y simples como "Quiero jugar pelota". 

Para cuando cumpla tres años, tu hijo platicará de forma más sofisticada. Podrá sostener una conversación y ajustar su tono de voz, inflexión y vocabulario al de la persona con la que está hablando. 

Por ejemplo, usará palabras más simples con un amiguito de su edad, pero será más verbal contigo. Para ahora, le entenderás casi todo lo que diga. Podrá ya decir su nombre y su edad y contestar cuando le pregunten algo. 
 

Qué es lo que viene después

A medida que tu hijo crezca, hablará más y más. Probablemente ya casi ni te acuerdes de cuando apenas hablaba y disfrutarás escuchando todo lo que hizo en su grupo de juego, qué es lo que su amiga María trajo para almorzar o lo que piensa de la malvada madrastra de Cenicienta.

Además, comenzará a mejorar en la complicada tarea de escribir
 

Tu papel

Es simple: habla con tu hijo. La investigación muestra que aquellos padres que hablan mucho con sus hijos cuando son bebés tienen coeficientes intelectuales significativamente más altos que otros niños. 

Sus vocabularios son también más ricos que los de otros niños que no reciben tanta estimulación verbal. Puedes comenzar incluso desde tu embarazo, para que tu bebé se acostumbre al sonido de tu voz. Lee un libro en voz alta o cántale a tu bebé cuando estés en el baño. 

Cuando tu bebé nazca, háblale cuando le cambies el pañal, le des de comer o lo bañes, y dale tiempo para que responda con una sonrisa o con contacto visual. Alrededor de los cinco meses, notarás que te mira los labios con intención. Sigue hablándole y verás como muy pronto comenzará a intentar responderte. 

Hablarle en "lenguaje de bebé" es divertido, pero háblale también de forma normal. Tu hijito aprenderá a hablar bien sólo si tú le hablas bien. No tienes que evitar utilizar palabras complicadas. 

Aunque puede que necesites simplificar la forma en la que le hablas para que entienda lo que dices, la mejor forma de ampliar su vocabulario es escucharte usar nuevas palabras. 

Lo mismo ocurre con los niños en edad preescolar: sus habilidades lingüísticas continuarán creciendo siempre que les estimules con conversación. 

Leer es una forma fantástica de ayudarle a desarrollar a tu bebé sus habilidades verbales. Los bebés se deleitan con el sonido de las voces, los niños pequeños disfrutan escuchando cuentos aunque no los entiendan del todo, y los preescolares se interesan ya por la trama de la historia. 
 

Cuándo preocuparse

Los bebés que tienen problemas de oído, dejan de balbucear alrededor de los seis meses. Si tu bebé no está haciendo sonidos (o ni siquiera está intentando hacerlos) o no te mira cuando le hablas, consulta con tu doctor.

La detección temprana de problemas auditivos es crucial para poder ofrecer al niño un tratamiento adecuado que permita estimular el desarrollo de su lenguaje.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que se hagan pruebas de audición cuando el bebé tiene un mes, para poder hacer un diagnóstico temprano. Posteriormente, se recomiendan pruebas de audición a los nueve, 18, 24 y 30 meses, o siempre que los padres detecten algún problema. 

Aunque algunos niños comienzan a formar palabras alrededor de los nueves meses, muchos no lo hacen hasta tener 13 ó 14 meses. 

Si al cumplir 15 meses tu hijo todavía no dice ninguna palabra, o tú no puedes comprender ni una sola palabra de lo que está diciendo, habla de ello con tu pediatra o tu doctor, ya que otra enfermedad que requiere un diagnóstico temprano, y que puede afectar el desarrollo del habla, es el autismo.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda que todos los niños reciban pruebas diagnósticas de autismo a los 18 y a los 24 meses, aunque no haya motivos para sospechar un problema. 

Algunos de los retrasos en el habla que podrían indicar un problema relacionado con el autismo son: cuando el niño no balbucea o señala cosas a los 12 meses de edad (por ejemplo, le pides que señale al perrito del cuento y el niño no te presta atención y no lo señala); cuando no dice ninguna palabra a los 16 meses; no dice frases de dos palabras a los 24 meses; o siempre que muestre una regresión en sus habilidades sociales y lingüísticas. 

Si a los tres años tu hijo sigue sin pronunciar todas las consonantes (por ejemplo dice "pa" en vez de "pan") o sustituye un sonido o sílaba por otro (dice "men" en vez de "ven"), puede que tenga un problema del habla o auditivo.

Habla con tu pediatra o doctor, para determinar si es necesario hacerle alguna prueba. Siempre es mejor prevenir que lamentar, y aunque puede ser normal que un niño de esa edad no pronuncie a la perfección todas las consonantes, es recomendable asegurarse de que no existe un problema que debe ser tratado. 

Todos los niños tartamudean o se "atoran" al hablar de vez en cuando. Algunas veces están tan entusiasmados por contarte algo que no pueden decir las palabras con facilidad. Deja que tu hijo acabe las frases y evita intervenir para ayudarle. Puedes hacerle sentir mal y no le ayudará a aprender. 

Sin embargo, si hay un tartamudeo persistente es recomendable que consultes con un logopeda o especialista en lenguaje. Los niños progresan más si se tratan en los primeros seis meses o el año en el que apareció el tartamudeo, sin importar su edad.

Puedes pedirle a tu pediatra o doctor una referencia, pero la mayoría de los departamentos de logopedia y habla aceptan también solicitudes de consulta de padres preocupados. 

Fuente: 
http://espanol.babycenter.com/a2600088/el-desarrollo-del-habla-0-a-3-a%C3%B1os

Páginas